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Al igual que Rilke venía a preguntar al joven poeta que si sentía la necesidad de la poesía para respirar, ello sería claro síntoma de su vocación, Modesto necesita también respirar por medio de la pintura, tanto que, por exceso, puede constituir su propio ahogo, pues, como amigos que somos, doy fé de que no conozco pintor más perseverante, pues ¡cuántas veces tengo la tentación de esconderle los pinceles!.
Hablar, o escribir, sobre la obra de un buen amigo, como lo es Modesto Trigo, me resulta tan difícil como el cirujano que no se atreve a operar a un familiar o ser querido, pues a pesar del subjetivismo del arte, hay que intentar objetivar, analizar, (?). Pero a su vez entro en la contradicción de que precisamente, por ello, conozco mejor sus procesos, evolución trabajo, obra, ¡qué paradoja!.
No pudiendo separar persona y obra diré que Modesto tiene la condición de su propio nombre: modesto, llano y honesto, pero ambicioso por superarse mediante el trabajo, entrega y esfuerzo. Quizá por ello, su obra, aparentemente sencilla, conmueve. Es la difícil sencillez, porque tiene la apariencia de verosimilitud de la realidad que representa, pero es ambiciosa por la complejidad del oficio del pintor, muy difícil de depurar y que escasea en estos tiempos proclives a la mancha fácil y "espontánea", con frecuencia gratuita. Nuevas técnicas, nuevos medios y tendencias, arte digitalizado, mundo de la imagen audiovisual, etc, vienen a enriquecer nuestros recursos y panorama expresivo, lo que es motivo de gran festejo, pero no siempre irrumpen "democráticamente", surgiendo innecesarias rivalidades, como, por ejemplo, la absurda dicotomía entre realismo y abstracción, entre tradición e innovación, ..., cuando son partes de la unidad como el Yin-Yang chino. La contemporaneidad de la expresión artística, puede manifestarse con medios o herramientas cualesquiera, ya sean tradicionales o de nuevas tecnologías.
Si bien, me parece desmesurada, no deja de darnos que pensar la frase del destacado genio del siglo XX, Picasso cuando contemplaba las Cuevas de Altamira: "Después de esto, todo es decadencia", pues el arte, al igual que la palabra, entendemos que es ante todo el lenguaje de expresión individual sobre la visión del mundo y como tal lenguaje, al igual que la palabra evolución pertenece al ritmo de los sentimientos y pensamiento filosófico humano, no tecnológico.
Modesto pinta como siempre, con pintura, como siempre, al óleo y sobre lienzo, como siempre, cogiendo estampas de la realidad, ..., al margen de luchas iconoclastas. Son estampas de la realidad de hoy. En esta exposición, de predominio del paisaje urbano como la espléndida compacta y serena vista de Toledo, Cuenca embrujada por su celaje y peñas erosionadas y metafóricas del primer plano, Santiago de Compostela con sus cuidadas pedras. Madrid -ciudad de todos- y como centro la Cibeles y su entorno, tratada en varias obras, con estudiados y a veces complejos escenarios y composiciones, en que incluye desnudos femeninos, como el cuadro de gran formato en que el plácido harén lo situa al aire libre, contemplando la ciudad desde elevada terraza.
Sus paisajes nos ayudan a entender, para mejor querer, los lugares representados, bajo un clima de contemplación serena y pulcra, en que ocasiones, a pesar de la exhaustividad del detalle, no pierde la visión global de las grandes masas cuidando la primacía de la silueta que las define y estructura. A ello colabora compositivamente en lagunas de sus obras la incardinación de los celajes con nubarrones y con el sol en el horizonte que genera contraluces y siluetas de largos recorridos, a su vez una zona oscura del primer plano que potencia la luz central de la obra y al que los franceses denominan "coulisse". Inevitablemente estos aspectos me remontan al clasicista francés Claudio de Lorena pues para ambos el centro del paisaje es un área de luz, subordinándose todo a una sola atmósfera, siendo la luz del sujeto esencial. Curiosamente también los edificios del Madrid que refleja Modesto tienen similitudes con las construcciones de corte clásico y renacentista del citado francés que vivió en Roma, artista que, me consta, Trigo no conocía. Esta comparación que establezco es debida a que hay artistas con afinidades en el talante, visión, enfoque y concepto, con coincidencias a través del tiempo y la geografía, aun siendo cada cual fiel y reflejo del momento que le toca vivir, a la vez que existen movimientos de revisión o "re-nacimientos" que en sí mismos son renovadores.
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